El rito de la cocina dominical en casa de mi abuela. Caldo de gallina, arroz. todas las mujeres que se reúnen en la cocina se saben dueñas del espacio mas intimo que una sociedad tradicionalmente machista le designa a las mujeres: la cocina. Aquí, a pesar de que siguen cumpliendo el rol que se les ha designado socialmente, a pesar de que siguen subyugadas a la separación sexual del trabajo, se sienten mas libres. Ellas han crecido así, han aprendido a sentirse bien en este lugar. Sin entrar a cuestionamientos causales y condicionales sobre las estructuras sociales que crean estas expresiones, puede verse que acá se sienten mas cómodas.
Mientras tanto, yo intento penetrar las exclusivas dimensiones de las mujeres en la cocina. Mujeres tradicionales, de esas que encuentran en el proceso creativo de cocinar su propia expresión artística, su propio universo de creación. Mientras, ellas se mueven, prueban la comida, y cocinan. Yo observo, de lejos, sin ser parte, sin pertenecer a esa coyuntura de roles sobrepuestos que cumplen uno: el arquetipo de mujer en nuestra sociedad.

El calor del vapor trae consigo otros regalos. La cocina se vuelve una maraña de aromas a medida que se avanza en el proceso de cocción. Dicen que el olfato es el sentido que mas facilmente trae recuerdos a nuestra mente. Los mios son recuerdos de constancia, de domingos en el mismo lugar, de silenciosa observacion, de comida generacional. La cocina, en cuanto proceso, posee un potencial artístico que casi nunca se sabe apreciar. Comida cotidiana que suele ser extraordinaria
Mi madre prueba la comida y dice que ya esta listo. Todas se acercan, concuerdan. todo cambia, no termina, muta en otro proceso distinto, la comida. El espacio femenino da paso a uno asexuado, sin géneros que lo definan. Comer el fruto de la paciencia de tres mujeres, cada una con su carga generacional, demuestra que incluso las mas cotidianas formas de socializacion tienen una lógica interna... y una forma especifica de disfrutarlas.
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